
Créditos: Cesár Martinez
Defensores naturales

Por: Samuel Elias Abril Barrera


Gustavo Piso, biólogo de 31 años, profesional de monitoreo del Parque Puracé, ha dedicado su vida a la conservación de uno de los ecosistemas más extraordinarios y frágiles del mundo. Él no solo ha estudiado la rica biodiversidad de estas tierras, sino que también se ha convertido en una de las voces más comprometidas con los páramos del Cauca, un ecosistema que él describe como “un gran tesoro que realmente solo nosotros tenemos”.
El biólogo llegó a la zona por primera vez en 2019, atraído por la inmensidad de estas tierras que se elevan hacia el cielo como una promesa de vida. Desde entonces, estudia sus especies y lucha por protegerlas. “En los páramos del Cauca encuentras de todo: osos de anteojos, pumas, venados colorados, hasta las ranas de lluvia, como la de páramo, la de bucle (compartida con Ecuador) y la rana de lluvia del Segundo, que se encuentra en el Cauca. Hay otras ranas, como la de torrentes atigrada y las arlequines (la arlequín de Malvada, la arlequín de Ángel y la arlequín de los páramos, que viven en el Macizo Colombiano). Aun así, a pesar de encontrar mucha biodiversidad el páramo tiene amenazas, los humanos”. La intervención humana ha llevado a introducir especies de un lado a otro, ya sea por un fin económico o actividades agropecuarias.

Créditos: Samuel Abril
Comedero de oso andino, Parque Nacional Natural Chingaza




Créditos: Gustavo Piso
Pristimantis obmutescens
Pristimantis racemus
El páramo no es un ecosistema sencillo. Aquí, cada especie ha aprendido a resistir los cambios abruptos de temperatura y la escasez. Pero las amenazas externas, todas motivadas por el hombre, rompen ese equilibrio. Él menciona una de las principales invasiones: la trucha arcoíris. “Fue traída hace décadas por el Estado para la seguridad alimentaria, pero lo que hizo fue desplazar a los peces nativos. Es un desequilibrio terrible; incluso se le responsabiliza de la extinción del zambullidor andino”, explica.
El problema no se limita al agua. “También tenemos especies invasoras en las plantas, como el kikuyo o la retama espinosa, que se aprovechan de las áreas quemadas y desplazan a las especies nativas que cumplen funciones claves en el ecosistema. Es como si todo el rompecabezas que es el páramo se desarmara poco a poco”.


A medida que Gustavo habla sobre los super páramos, describe un mundo aún más severo. “Aquí las condiciones son extremas: temperaturas que en un día pueden pasar de 24 grados a -5. Aunque es un ecosistema resiliente, también es complicado y delicado". No todas las especies logran soportar eso. Con los vientos más fríos que antes y temperaturas mucho más marcadas, todas estas especies tienen que tener adaptaciones o estrategias únicas para poder soportar esas variaciones climáticas que no son necesariamente temporales. Lo que puedes ver mientras más subes son más transeúntes que habitantes”.
Sin embargo, estas tierras no carecen de vida. “Hay leguminosas como el lupino, musgos, y plantas que llamamos colchón de pobre, pero también algunas aves que logran sobrevivir. “como el pato andino, el pato pico de oro y el pato pico azul. También están aves como los mosqueros o chamarritas y especies de esmeraldas (colibríes).” Es un ecosistema increíble, pero frágil”.

Geranoaetus melanoleucus
Créditos: Cesár Martinez



Créditos: Gustavo Piso
Tapirus pinchaque
El vínculo del ser humano con el páramo ha sido históricamente complejo. Por un lado, estas tierras han sido fundamentales para comunidades que han encontrado aquí un sustento. Por otro lado, su explotación pone en riesgo su existencia. “La ganadería extensiva y la agricultura intensiva, especialmente de papa, son las principales amenazas”. Este equilibrio entre beneficio y amenaza refleja la profunda interdependencia entre las personas y el páramo, pero también los retos de mantenerlo en armonía. Aun así, él cree que finalmente empieza a reconocer la importancia del cuidado de este ecosistema. “Creo que hay una conciencia creciente sobre la importancia del páramo como ecosistema estratégico. Este un lugar que regula el agua, sostiene la biodiversidad y, en última instancia, nos da la vida”.
Para Gustavo, la solución está en la educación. “Antes, en los colegios, nos hablaban de animales como tigres, hipopótamos o jirafas, que no son de aquí. Es hora de que las personas conozcan con qué especies convivimos y aprendan a respetarlas. No podemos seguir viendo a los osos de anteojos o a las ranas de lluvia como algo lejano. Estamos interactuando con ellos todo el tiempo”. “Ellos son parte de nuestro entorno, de nuestra identidad, son los verdaderos guardianes”, agrega.


Créditos: Cesár Martinez


Él sabe lo importante que son los páramos por eso nos dice: “Colombia tiene la mitad de los páramos con frailejones en el mundo. Gracias a los páramos no sufrimos desabastecimiento, como otras regiones. Son nuestra garantía de vida”.
Para Gustavo el páramo no es solo un lugar de trabajo, sino una pasión y responsabilidad, un guardián de estas tierras, alguien que escucha sus latidos y lucha por preservarlos. Porque, como él mismo dice, “el páramo no es solo un ecosistema; es un tesoro que debemos cuidar para las generaciones que vendrán”. Concluye con la esperanza de que haya más guardianes como él que tienen el mismo propósito y convicción de cuidar este patrimonio que es tan importante para la vida misma.

Créditos: Gustavo Piso
Podiceps occipitalis

Cerro Pan de Azúcar, Parque Nacional Natural de Puracé
Créditos: Gustavo Piso