
Mi escuela, mi templo

Por: Juan Pablo Díaz Moreno
Fotos cortesía de: César Martínez
César es un gran fotógrafo y para homenajear su trabajo, construimos una entrevista experimental. Una pregunta contestada mediante una fotografía y una pequeña descripción.

César David Martínez es un fotógrafo de payanés 48 años que lleva 29 años retratando la naturaleza y los patrimonios de Colombia. Con más de 170 expediciones, ha recorrido los 32 departamentos del país, donde ha visitado aproximadamente 40 zonas de páramo. Actualmente, cuenta con cinco libros con imágenes en los que plasma su experiencia con ecosistemas de alta montaña.
Libros




El primero de ellos, “Agua, riqueza de Colombia” de 2009. Una obra en la cual el espectador inicia un viaje visual y experimenta las temperaturas bajo cero en las altas montañas.
Después, «Colombia, país megadiverso” en 2018, un libro colaborativo realizado para el Instituto Humboldt dirigido a la COP21 realizada en París.
Su año más intenso fue 2019, en el cual se involucró en dos libros. El primero, “Vecinos inesperados”, muestra aproximadamente 250 especies de fauna de Bogotá D. C., la mayoría de las cuales son del páramo de Sumapaz. El segundo, “Áreas protegidas de Boyacá”, publicado por Villegas Editores, cuenta con su participación en tres capítulos: el páramo de Sucuncuca, el páramo de Cortadera y el páramo El Malmo.
Y por último, César cuenta con un libro homenaje a los glaciares colombianos denominado “Cumbres blancas” publicado en 2021. En este, hay un capítulo que habla del bosque altoandino y el páramo, donde se resalta el nacimiento del río Bogotá o la laguna verde del volcán Azufral. También muestra algunas amenazas de los páramos colombianos.
¿Cuál fue tu primera experiencia en un páramo?

Cuando tenía entre 5 y 6 años mi abuelo me llevó al páramo de Munchique, Cauca. Eso era tapado de nubes, pero recuerdo que él me dijo: “En los días destapados desde aquí se puede ver el mar”.
¿Cómo ha sido realizar tu profesión en este ecosistema?


Es necesario que el cuerpo se aclimate para no sufrir la enfermedad de alta montaña, pero sobre todo hay que tener una fortaleza psicológica porque la montaña lo confronta a uno y lo pone a prueba.
¿Cuál ha sido el mayor problema en una de tus expediciones en alta montaña?
En 1996, la primera vez que subimos al páramo de la Sierra Nevada del Cocuy nos perdimos. Al desviarnos llegamos a la zona de Cerax donde encontramos unas piedras de hielo gigantes. Después nos tocó bajar por unas paredes de roca prácticamente sin equipo, lo que pudo haber ocasionado un accidente.

¿Cuál ha sido la foto más especial que has tomado en un páramo?

Espeletia Pycnophylla, Páramo de Cumbal, Nariño.
¿Cuál es el páramo más especial para ti?
Lo puedo dividir en dos:

El páramo El Consuelo, en Boyacá, el cual me parece el más lindo del mundo. Tiene lagunas, picos y bosques de frailejones espectaculares. Tiene un bosque altoandino encima del páramo (lo cual es una anomalía) y allá fue la primera vez que vi el espectro de Brocken (un evento en el cual uno mismo se proyecta en una nube con dos arcoíris alrededor, llamados los círculos de Ulloa).

Por otro lado, el páramo de Guerrero, Cundinamarca, al cual he subido más de 40 veces, tengo 17 rutas y es como un templo para mí.
¿Cómo ha sido tu convivencia con las comunidades?


Los indígenas son celosos; es difícil trabajar con ellos por el rechazo que tienen hacia el hombre blanco, que ha vulnerado históricamente sus derechos. Aun así, algunas comunidades te guían por el páramo e incluso te dejan quedarte en su hogar.


Los campesinos son muy hospitalarios, y muchas veces ellos saben más de los detalles de la zona que los mismos especialistas.
¿Qué simbolizan para ti los páramos?




Como fotógrafo de naturaleza poder recorrer el páramo colombiano es como la escuela donde uno puede desarrollar todas sus cualidades fotográficas.
Como montañista, es un lugar para practicar el deporte y descubrir los increíbles espacios que tiene este ecosistema. Esas cosas le llenan a uno la necesidad de contacto con la naturaleza.
Y como persona, es un lugar donde trato de desarrollar y buscar mi propia espiritualidad. Antes de la expedición, siempre hago un acto de presentación, ofreciendo respeto y dejando claras mis intenciones: “No vengo a conquistar la montaña, sino que vengo a que la montaña me conquiste a mí”.
