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La ley a la altura 

de la cumbre 

Por : Juan Sebastián Moncada Cuervo

Fotos tomadas por : Juan Pablo Diaz 

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Cundinamarca es un departamento muy importante a la hora de hablar de páramos. Contiene alrededor de 330.000 hectáreas de estos ecosistemas; el más importante a nivel mundial es el páramo de Sumapaz, pero también están Chingaza, el corredor de Cruz Verde, Guachetá (donde nace el río Bogotá), una parte de Rabanal y el complejo del páramo de Guerrero. Son cinco grandes extensiones de alta montaña.

Sobre la calle 26 y la carrera 54 se encuentra la Secretaría de Ambiente de Cundinamarca. A diferencia de otras secretarías, esta no tiene funciones de autoridad ambiental; sin embargo, tiene efectos sobre el manejo de la sostenibilidad y los proyectos. Por esta razón, sus mayores aliados se convierten en la sociedad civil, las empresas, las industrias y las autoridades ambientales de Cundinamarca como Corpoguavio, Corporinoquia y las corporaciones autónomas regionales (CAR).

Diego Chala, de 45 años, es un ingeniero ambiental egresado de la Universidad Distrital, especialista en gestión integrada y máster en Derecho de los Recursos Naturales. Comenzó como director de planeación en la alcaldía de Gachetá (2004-2006), luego ejerció como subdirector de Corpoguavio (2019-2023). En sus palabras se puede sentir su compromiso y amor por los páramos, algo necesario para desarrollar su actual cargo, ser el secretario de ambiente de Cundinamarca.

“Colombia ha sido un país con normas ambientales muy interesantes; en el año 74 salió el Código de Recursos Naturales, el 28.11, el cual empezó a darle un carácter especial a los ecosistemas de áreas protegidas, que necesitaban algún nivel de conservación y protección(...)más adelante con la entrada en vigor de la ley 9993, ya se da un alcance mayor sobre cómo se van a administrar estos territorios”. Pero el avance más importante en este ámbito es la ley de páramos, “donde se reconoce que hay personas que habitan estos territorios y que requieren un manejo articulado con la sociedad civil y con las instituciones para poder trabajar en su conservación”.

Para que nuestros páramos se mantengan vivos y sigan siendo hábitat de especies animales y vegetales, además de leyes también necesitan inversión tanto del Estado como de empresas e industrias. “Se han realizado dos o tres proyectos GEF (Global Environment Facility) o en español (Fondo Mundial para el Medio Ambiente) que han permitido empezar a monitorear y hacer proyectos estratégicos principalmente en reconversión productiva… Otra de las líneas de financiación que ya es directa de la Gobernación es el pago por servicios ambientales (PSA); esto se hace con los recursos de la Ley 99 que se asignaron a través del artículo 111 y es el 1% de los ingresos corrientes. Hay otra línea que también es del 1% para generar conectividad en las zonas donde aún falta esa protección y poder comprar esas áreas”.

El hogar del frailejón, el oso andino, el venado de cola blanca y los cientos de especies de alta montaña se ha resguardado por el poder de la constitución; sin embargo, estas leyes han expulsado a los campesinos que con azadones y rastrillos producen la papa para el sancocho; o los ganaderos comercializadores de la leche y el queso usados en los desayunos de los colombianos. ¿Pero cómo se logra un equilibrio que cuide al páramo de los daños ambientales, y los campesinos y agricultores no se queden sin la fuente de sus ingresos? “Principalmente en la frontera agropecuaria, poder hacer reconversión productiva con proyectos piloto sostenibles (…) Aunque esté en evaluación, está la alternativa con todo lo relacionado con la apicultura, poder generar a través de los procesos apícolas algún ingreso para los habitantes, pero además por la polinización generar áreas de restauración”.

Secretario de ambiente  Diego Chala 

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Los vientos frescos empujan la neblina fría, pero bella, alrededor de la montaña; las vistas increíbles que son el trofeo de los senderistas y escaladores; el aroma de los árboles verdes y el agua fresca son motivo suficiente para atraer a turistas de todo el mundo que quieren conectar con el corazón verde de las cordilleras. Precisamente por esta razón se generan tres problemáticas aún vigentes y difíciles de tratar para Diego Chala. “Hablar de turismo sostenible es entender que uno va como un huésped a ese sitio y con lo que llega se va, nunca lleva nada ni deja nada, pero tampoco se trae nada”.

Por supuesto, el cambio climático es otro de los problemas que agobian estas tierras ancestrales por las que han transcurrido miles de años, de los cuales los últimos han sido los más desafiantes. “Este afecta a las coberturas, los ecosistemas, empieza a generar una variabilidad que requiere de la adaptación de la naturaleza… Hay estudios que dicen que a 2100 posiblemente nuestras áreas de páramo estarán disminuidas en más de un 50% de lo que tenemos hoy en día, eso genera una alerta y esas alertas son las que generan nuevos proyectos, nuevos programas para trabajar”, agregó. Para cerrar la lista, la expansión de la frontera agrícola es un problema preocupante.

Por supuesto, el cambio climático es otro de los problemas que agobian estas tierras ancestrales por las que han transcurrido miles de años, de los cuales los últimos han sido los más desafiantes. “Este afecta a las coberturas, los ecosistemas, empieza a generar una variabilidad que requiere de la adaptación de la naturaleza… Hay estudios que dicen que a 2100 posiblemente nuestras áreas de páramo estarán disminuidas en más de un 50% de lo que tenemos hoy en día, eso genera una alerta y esas alertas son las que generan nuevos proyectos, nuevos programas para trabajar”, agregó. Para cerrar la lista, la expansión de la frontera agrícola es un problema preocupante.

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Páramo de Chingaza

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Todos los procesos y logros obtenidos hasta el día de hoy son obsoletos si no tenemos en cuenta el futuro; la batalla contra el cambio climático no es fácil; este ya ha mostrado los ataques que es capaz de cometer, pero si somos capaces de concienciarnos y tomar acciones podemos empatar este combate.

“Nosotros desde Cundinamarca también hablamos de un proyecto del Fondo para la Vida y la Biodiversidad; esperamos más de 90.000 millones de pesos invertidos en la conservación, en la restauración, en la recuperación de estas zonas y al lado de todas las instituciones, no solo tienen que ser aliados de carácter internacional, también aliados de carácter local como las propias comunidades” complementó con un tono de esperanza en su voz; él trabaja con fervor para dejar las rutas establecidas para que los siguientes ocupantes de su cargo sigan comprometidos con la alta montaña y el ambiente.

 “Hablar de agua y hablar de páramos es hablar de vida, de paisaje, de entorno; cuando uno camina por la montaña, da la sensación de tranquilidad, de libertad, da ese gusto de poder sentir la naturaleza cerca, ver las formas o las geoformas que tienen nuestras especies vegetales, la asociación con la bifauna”. Y tiene razón; no es fácil comparar la calma que se logra cuando se camina sobre los suaves suelos de estas montañas; el canto de las aves da una sensación de bienvenida, los osos, aunque tímidos, dejan su rastro para reafirmar la imponencia del páramo colombiano. “Los que no conocen un páramo tienen que vivir la experiencia”, concluye diego.

Las opiniones aquí expresadas por los autores no representan la visión o ideología de la Universidad Externado de Colombia.

Prohibido su reproducción total y parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.

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